Adolescencia y alta competencia

By franciscopando

Adolescencia y alta competencia

La adolescencia es el período en que se producen los cambios más profundos y complejos del ser humano, tanto físicos como psicológicos. Cambios que llevan a una nueva relación con los padres y con el mundo y que posibilitarán llegar a la vida adulta.

El propósito es analizar como transcurre la adolescencia en jóvenes deportistas de alta competencia, en especial en un deporte individual como el tenis.

¿Cómo debemos manejarnos los padres?, ¿se agregan nuevos conflictos en le caso de la alta competencia? Conocer las características de la adolescencia puede ser de gran utilidad a la hora de comprender y ayudar a nuestros hijos.

Para ello tomaremos prestado algunos conceptos de la sicología evolutiva, solo desde nuestro rol de padres. Teniendo en cuenta la gran variedad de bibliografía existente, nos centraremos en los conceptos claves que muchas de las principales corrientes comparten.

En una primera parte , señalaremos de manera general, las características de la adolescencia, estableciendo algunos puntos de contacto con los jóvenes tenistas para luego, en una segunda parte de nuestro análisis, profundizar sobre los aspectos más conflictivos por lo que atraviesan nuestros hijos en este momento crucial de sus vidas (sexualidad, vida social, aceleración de los procesos madurativos) .

Algo que debemos tener en claro a la hora de sumergirnos en este análisis, es que la adolescencia no se transita sin pasar por un cierto grado de conducta “patológica”, que se considera como propia de la evolución normal de este período, por eso se ha caracterizado a la adolescencia como “síndrome normal”, es decir como el conjunto de síntomas que señalan una patología, o se habla de “trayectorias turbulentas” o de “crisis” en tanto ruptura de un estadio anterior de equilibrio. Como padres no tiene que asustarnos esta terminología, por el contrario, al leer o al ser aconsejados por especialistas, tenemos que utilizarla como una herramienta que nos facilite la comprensión. Saber que este “desequilibrio físico y psíquico es normal” es el punto de partida para lograr un mejor vínculo con nuestros hijos.

 Las transformaciones físicas y psíquicas que propiciaran nuevas relaciones con los padres y con el mundo solo son posibles si se elabora el duelo por el cuerpo de niño, por la identidad infantil y por la relación con los padres de la infancia.

 El cuerpo vive una verdadera transformación, cambios de todo tipo, estatura y peso, (muchas veces de manera desproporcionada), aparición de los caracteres sexuales secundarios (que relacionan la genitalidad con la capacidad reproductiva), cambios en la fuerza física y en la coordinación motriz, que se traducen entre otras cosas, en la falta de coordinación, torpeza etc; son algunos de los indicadores de esta verdadera revolución corporal que se manifiesta de manera “aplastante” en la mayoría de los jóvenes tensitas en la cancha.

 Es común ver a los padres presenciar partidos, sobre todo en infantiles y menores donde la diferencia física entre los jugadores puede ser abismal, chicos muy altos contra chicos muy pequeños, donde poco y nada puede hacer el más pequeño sobre la fuerza del mayor. A los padres nos cuesta reconocer que el más pequeño puede perder, aún siendo mejor jugador. Esta visión agrega mayor frustración al joven, que en vez de poder analizar las diferencias físicas que tiene con su rival y poder trabajar sobre su tenis a futuro y comprender los cambios de su cuerpo, frente a la crítica de su padre se siente un verdadero “incapaz”. Sería muy bueno preguntarnos por qué no toleramos que nuestros hijos pierdan un partido, qué cosas personales entran en juego en nosotros para no poder ver lo que realmente esta sucediendo.

 Los especialistas, entrenadores, preparadores físicos y sicólogos especialistas en deporte, viven a diario la impotencia de sus jugadores frente a esta verdadera revolución corporal. Es un proceso doloroso y muchas veces imposible de manejar, “la mente ordena y el cuerpo no obedece”. Los jugadores pierden la confianza en sí mismos y los invade una profunda sensación de impotencia y fracaso. Señalar que esto es un proceso, que sin duda puede ser lento y difícil, pero como todo proceso tiene un final y puede ser de gran ayuda para aliviar tensiones. Los padres debemos colaborar con el equipo de especialistas reforzando el análisis que ellos hacen con nuestros hijos.

 Es importante tener en claro que ni el joven ni los padres podremos recuperar ese cuerpo (armónico de niño) aunque pretendamos negarlo sicológicamente o mediante actuaciones en las cuales nos comportamos como si nada hubiera pasado.

 A partir de esta transformación galopante, el adolescente, se ve obligado a modificar su esquema corporal, es decir modificar la representación mental que tiene de su cuerpo como consecuencia de sus experiencias. Es aquí donde redefine su propia identidad y esta redefinición, como todo fenómeno humano, se manifiesta dentro de un marco socio-cultural , donde uno de los rasgos distintivos son las fricciones con el medio social y familiar. Las fricciones se generan porque en la búsqueda de su nueva identidad no quiere ser como determinados adultos pero elige a otros como ideales. En muchos casos atraviesa por una multiplicidad de identificaciones y se presenta como una combinación de varios cuerpos e identidades, que se traducen en cambios rotundos en la vestimenta, manera de hablar, de comportarse, en estados de ánimo cambiantes, que la mayoría de las veces nos resultan desconcertantes.

Es común ver en un mismo partido gritar y darse ánimo y a los pocos minutos sumirse en un silencio absoluto (probablemente porque algo se salió de control). En un torneo decir “no sé que hago con una raqueta en la mano”, “ mi pelota no corre y la de la rival no la veo pasar” y al siguiente decir “esto es maravilloso, no me siento mejor en ningún lugar, esto es realmente lo mío” y es muy probable que ambas afirmaciones contradictorias sean verdaderas (recordemos que no estamos en el terreno de la lógica donde esto no sería válido, sino que estamos en el complejo mundo de las emociones donde todo es posible!), en síntesis como ellos muchas veces lo expresan “todo bien y todo mal” .

 La contradicción como padres nos abruma, pero en muchos casos es generada por nosotros y en mi opinión este es uno de los puntos más álgidos y de mayor compromiso como padres: Autonomía-dependencia. Es común decirles a nuestros hijos que son mayores y que deben ser responsables y autónomos pero cuando intentan ser más independientes les recordamos que viven con nosotros o que los mantenemos y tenemos derecho a decirles lo que tiene que hacer. Señalaba lo álgido de este punto, porque todos estamos de acuerdo en que nadie puede hacer lo que quiere dentro del marco de una familia y de una sociedad, pero tendremos que empezar a pensar que significa para nosotros empezar a dar libertad.

 Es cierto que los jóvenes en muchos casos no quieren ser dirigidos de ninguna manera, pero por otro lado algunos no son capaces de coordinar sus actividades y eso los trastorna y en consecuencia altera a todo el grupo familiar. Es frecuente escuchar en los jugadores que entrenan lejos de sus casas comentarios como: “Voy solo a casa en micro, pero a qué hora viajo, saca vos los pasajes”, “Mi mamá me llama a cada rato, no sé que es lo que quiere” y cuando la mamá entiende esto y no llama todos los días, “Mi mama se olvidó de mí, ¿tan ocupada está?”

 La necesidad de ayuda y protección es diferente, se asocia a una nueva exigencia: vivir la relación con el adulto en un plano de igualdad. Cuando nos pide ayuda, como lo hacía cuando era niño, una vez obtenido el apoyo, se sentirá más fuerte y tenderá a abandonar su actitud regresiva (de niño), pero tan pronto como haya reanudado su propio camino, reaparecerá el miedo y volverá a verse como niño “rebajado a pedir ayuda”, lo cual pone en peligro su imagen de adulto. Se revelará contra su debilidad y para librarse del malestar buscará “víctimas” en las que pueda descargar su agresividad, generalmente quienes más conocen sus debilidades, los padres. Es nuestra tarea ser pacientes frente a todo este comportamiento conflictivo, a veces en extremo turbulento que requiere de nuestra parte un verdadero compromiso y responsabilidad. ¿Respondemos a la desesperada petición de ayuda?   sí, porque de no hacerlo aumentaríamos la ansiedad de los jóvenes y de todos modos hubiéramos sido cuestionados.

Ayudar hasta donde lo piden, no tratar de resolver todos los problemas, ya que de esta manera reforzaríamos sus aspectos dependientes. Generar una verdadera relación afectiva y de confianza por parte de padres y entrenadores es el verdadero desafío, ya que a todos los que convivimos con adolescentes nos corresponde atestiguar con el comportamiento cierta coherencia y un real sentido de las responsabilidades. Pensemos que muchos adultos antes que nosotros lo consiguieron, de lo contrario la Argentina no hubiera producido el sin fin de excelentes jugadores que hemos tenido a lo largo de la historia del tenis.

 Cynthia B. Paganini  
Email:   cynthiapaganini@hotmail.com 
Profesora de  Psicología y Ciencias de la Educación. (Argentina).

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